
La tecnofobia es el revés de la tecnofilia. En las primeras revoluciones industriales, cuando el hombre empezó a emanciparse de la naturaleza, muerto Dios, parecía que se podía por fin coger las riendas, sin más miedo, dirigiendo la historia hasta un final deseado. La tecnología también podía liberarnos de la crueldad de la naturaleza, vencer enfermedades, habitar todos los rincones climatizándolos, incluso habitar otros lugares extraterrestres… Pero en el cerebro de los hombres, en sus circunvoluciones, fermentan los posos del orden social, ahora el liberalismo económico globalizado, sin más ética, sin ningún fin moral. Los viejos dioses mueren y también muere el triunfalismo de una primera tecnofilia que nos mudó a todos los ojos, alejándonos de lo que nos rodea, que pasa a ser objeto de análisis y de rapiña arbitraria. Este desapego con la responsabilidad sobre la tierra ahora trae sus consecuencias. La naturaleza no es cruel, porque eso sólo es cosa de hombres, que también son naturaleza. La tecnofobia es la vuelta de tuerca de siempre, tiene que ver con el pecado, nos sentimos culpables por el mal que estamos haciendo… No tenemos remedio, que explote la bomba.
















